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Ejes básicos del cambio. Nuestro modelo educativo

Nuestra política de títulos debe ser la de mantener una oferta amplia de grados para posibilitar el acceso a la formación superior de nuestros conciudadanos, buscando la especialización en la oferta de másteres y en los programas de doctorado. En todo caso esta oferta debe cambiar y renovarse en base a la demanda real de la sociedad y en un análisis de costes y beneficios.

Pero lo más importante es que la universidad pública necesita de un marco regulatorio flexible y un mayor margen de actuación, para responder a los cambios, en igualdad de condiciones frente a otras instituciones educativas no formales. Debemos ser consciente que muchas de las experiencias de aprendizaje novedosas se desarrollan fuera de las universidades. Ello nos debe hacer recapacitar para conectar con las otras etapas del sistema formal de enseñanza, especialmente con la Formación Profesional, reforzando los puentes y pasarelas para atraer valor, recursos y creatividad.

Tenemos que ser más ágiles ante las demandas de la sociedad, combinar el modelo tradicional de grado y máster con la formación continua, con formatos educativos más breves y abiertos. Tenemos que seguir conservando la raíz del Alma Mater, de la Academia, del conocimiento reflexivo, sin que ello sea impedimento para su conexión con la empresa y la industria delineando nuevos formatos educativos.

Por otra parte creemos que una universidad del siglo XXI debe ser mucho más innovadora en sus métodos de aprendizaje, cambiar tareas por proyectos, por retos, modelos formativos por competencias, con la consiguiente coordinación de áreas de conocimiento más allá de parcelas estancas, un compromiso de conjunto orientado a ofrecer un aprendizaje adecuado, adaptado y de calidad en todas las líneas formativas ofrecidas, sin privilegiar unas frente a otras. Conseguir que todos los que trabajan y estudian en la UCA se sientan orgullosos de su institución, que los egresados sigan vinculados a la Universidad a través de vías formativas de doble dirección, y que la Universidad de Cádiz crezca de la mano de su entorno económico, social y cultural. La Universidad de Cádiz debe estar presente en la vida de sus egresados, como elemento útil en su proceso de aprendizaje a lo largo de su vida profesional, y a su vez estos egresados puedan contribuir a la formación de los estudiantes. La Universidad de Cádiz crece con su entorno, con la transferencia de conocimiento a sus empresas e instituciones, a su sociedad, como motor cultural.

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